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| Dilemas Año II Agosto 2010 |
| Justicia y derechos humanos en Sudáfrica |
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![]() Por Helene Pastoors, desde Bélgica “Hay varias clases de justicia. La justicia retributiva es
principalmente occidental. El entendimiento africano es mucho mas
restaurativo – no tanto para castigar sino para rectificar o restaurar
el equilibrio que se ha golpeado hasta quedarse chueco” (Arzobispo
(anglicano) Desmond Tutu, presidente de la Comisión de Verdad y
Reconciliación de Sudáfrica). El concepto de justicia restaurativa sudafricana se basa en la filosofía social de ubuntu (‘humanidad’ en las lenguas bantu). Ubuntu fue la guía de Nelson Mandela y del Congreso Nacional Africano, ANC, en su doctrina de reconciliación y unidad nacional -en la diversidad de pueblos y razas- con justicia social y democracia. Según ubuntu la persona humana se define en su relación con los demás seres humanos: soy quien soy gracias a lo que somos todos. O también: “La autoestima de uno procede del saber que uno (o una) pertenece a algo mas grande, y que uno se rebaja cuando los demás están rebajados o humillados, cuando los demás son torturados o oprimidos”(Desmond Tutu). Por lo tanto se trata no solo de responsabilidad social, sino la persona, su identidad y autoestima no se piensan separadas de las de los demás y de lo que ocurre con ellos en la sociedad. Es esa justicia que esperaban en primer lugar los sudafricanos oprimidos luego de la derrota del apartheid. Pues se trataba de empezar a reparar el profundo daño hecho a toda la sociedad por la institución del apartheid en si y por la represión, sin la cual la dictadura de la minoría blanca no se hubiese podido imponer y menos aun mantener durante más de 50 años. Daños profundos sobre todo a los ciudadanos negros, pero también a los propios blancos porque ellos se deshumanizaron aun más que los negros oprimidos y humillados quienes por lo menos estaban cada vez mas concientes de su opresión y resistieron como podían. Los blancos en cambio, salvo excepciones, nunca cuestionaron lo que se hizo en su nombre, ni los privilegios derivados de su supremacía. No les interesaba lo que pasaba con los demás. Así el apartheid provoco un profundo desequilibrio de la sociedad sudafricana que profundizó el tremendo daño humano de siglos de conquista y régimen coloniales. En la idea occidental, la justicia esta hecha cuando los autores del crimen están condenados y encarcelados. (O cuando se han muertos...) En concepto (sud) africano el encarcelamiento del autor no repara el daño hecho por el crimen. Esto vale para todos los crímenes. Pero mucho más aún en el caso de crímenes contra la humanidad que ponen gravemente en peligro la convivencia humana y pueden hasta destrozarla. ¿Qué hacer para restaurar ese desequilibrio, enderezar una sociedad, dar el impulso para una convivencia nacional armoniosa y respetuosa de los derechos de todos? Claro que echar a los blancos fuera (como algunos se lo propusieron en el pasado) no era la solución para restaurar el equilibrio, sino hubiese sido más bien otra derrota humana. Pues siendo una sociedad, los blancos también se definen por lo que ocurre con sus co-ciudadanos negros, ‘indios’, mestizos y vice versa. Claro también que simplemente encarcelar a los peores autores del desequilibrio tampoco ayudaría a reequilibrar las relaciones humanas. La venganza no acerca a los seres humanos; el castigado quien no entiende que el castigador quiere abrirle el paso para su participación en dignidad en la sociedad, tampoco se humanizara en el sentido de ubuntu. Así que, una vez derrotado el apartheid y la supremacía blanca, la prioridad fue poner el dedo en la llaga, saber lo que pasó, dar a conocer las causas del desequilibrio, de las profundas penas de tantos, la sospecha y los prejuicios mutuos, la pérdida de autoestima, la deshumanización. Esto fue la vocación primera de la Comisión de Verdad y Reconciliación. Una vez la dolorosa verdad revelada de manera de que de aquí en adelante nadie podría desmentirla, se abriría el camino al acercamiento de los sudafricanos de toda clase y raza, o sea el camino hacia la reconciliación. Desde el principio se descartó la amnistía general pues no hubiese facilitado el largo proceso de la reconciliación. Pero tampoco se exigió de los agentes blancos del apartheid -autores de violaciones de los derechos humanos y que se creían “patriotas” en situación de guerra- el arrepentimiento que habría sido prematuro para muchos de ellos. Solo la experiencia de una sociedad más justa y una convivencia nacional armoniosa será capaz, a mediano plazo, de convencerlos de lo mal que hicieron y humanizarlos. La solución fue ofrecerles amnistía – o sea no el perdón, ni mucho menos el olvido, sino inmunidad contra prosecuciones judiciales por crímenes específicos - a cambio de la verdad completa. En caso de no revelar toda la verdad, de no aceptar esa mano tendida en el espíritu de ubuntu, no obtendrían la amnistía y no les quedaría más que la justicia retributiva y se abriría una investigación judicial independiente, conducente a una eventual condena. En el espíritu de la Comisión, del reconocimiento de la injusticia y del sufrimiento de las victimas pero al mismo tiempo la voluntad de humanizar a los autores, en cada caso se intentó llegar a que las victimas les tiendan la mano del perdón a los autores. Como lo dijo el arzobispo Desmond Tutu: "Without forgiveness there can be no future for a relationship between individuals or within and between nations." (“Sin perdonar no podrá haber un futuro para una relación entre individuos o dentro o entre naciones”). Mucho criticaron o no entendieron esa presión sobre las propias victimas para que perdonen. Sin embargo, el milagro fue que muchas victimas lograron efectivamente perdonar a los que habían tan gravemente violado sus derechos humanos. Lo hicieron en el espíritu de ubuntu, para ofrecerles un lugar en la nueva Sudáfrica, aunque todavía no fueron capaces de arrepentirse. Tras saber todo lo que ocurrió, tras enfrentar la persona del torturador o asesino, tras volver a vivir su agonía, tras encontrar los restos de sus seres queridos y enterrarlos, perdonar parecía aliviar a las victimas. De alguna manera las palabras de perdón los liberaron del peso de su ira, rabia y dolor. Por supuesto, esa distinción entre diferentes conceptos de justicia y el alto valor moral atribuido a la justicia restauradora no simplifican el “hacer justicia”. Entran en juego todos los traumas junto con el deseo de no reavivarlas, las pasiones humanas, las angustias y los miedos, las ambigüedades detrás de la memoria de lo vivido, y además la actitud muchas veces arrogante, insensible y hasta calculadora del autor del crimen. Se junta a ello el hecho de que la justicia retributiva sudafricana ha conocido unos grandes fracasos en juicios de gravísimas violaciones de los derechos humanos. Así, aunque todos saben quienes mataron a Steve Biko y que no habían obtenido amnistía, los tribunales no han sido capaces de corroborar las pruebas (por falta de testigos) y por ende no los pudo condenar. Otro caso emblemático es el del “Doctor Death”, Wouter Basson, “el perito” de la guerra bacteriológica y química del apartheid. En 2002 fue exonerado por no menos de 67acusaciones con más de 200 por asesinatos y conspiración para asesinato en un proceso penal público que duró 30 meses. Como nada ocurrió, “Dr Death” volvió a ejercer su profesión de cardiólogo... Pero no todos aceptan ese fracaso de la justicia penal. El mes pasado la Corte Suprema confirmo la competencia del tribunal del consejo médico para juzgar a Basson según los criterios de ética médica. Ojalá ese juicio “entre pares” permita a continuación volver a abrir la causa en los tribunales penales gracias a nuevas pruebas. Sin embargo, más allá de los casos muy flagrantes, a la gran mayoría de los sudafricanos ya no interesa mucho al castigo de los autores de violaciones de derechos humanos. Encuentran más urgente avanzar hacia la justicia social. En cuanto a la justicia restauradora, mejor ilustrarla La excelente – y durísima – película ‘Tierra de Sangre’ (titulo inglés: Red Dust, Polvo Rojo) es la dramatización de un caso emblemático de desaparecido que muestra la gran complejidad humana del procedimiento de amnistía delante la Comisión de Verdad y Justicia. El guión es una adaptación de la aún más completa novela Red Dust de Gillian Slovo. Ella misma tuvo la dolorosa y contradictoria experiencia de conocer y enfrentar a los asesinos de su madre durante audiencias de la Comisión. He aquí la historia. La Comisión se traslada a Witsrivier, un pueblito rural del Gran Karoo, para las audiencias en el marco de la solicitud de amnistía de un antiguo policía de seguridad del apartheid, Dirk Hendricks, por la tortura de Alex Mpondo, militante del ANC y ahora diputado, héroe del barrio negro. Dirk Hendricks ya esta cumpliendo una pena de 20 años por el homicidio de otro militante y su única posibilidad de salir de la cárcel es la amnistía para varios casos de tortura, homicidio y asesinato. (Fueron frecuentes esos casos de autores ya condenados por la justicia penal y encarcelados.) Frente a su situación, lo abandonaron su esposa y sus hijos. En realidad Alex y la gente local quieren sobre todo saber lo que paso con Steve Sizela, amigo y codetenido de Alex quien desapareció. Nadie solicito amnistía para la desaparición de Steve y nada se sabe de su destino. Tras esperar a su hijo durante años confiando que se hubiese escapado al exilio, los padres de Steve sufren atrozmente de no saber qué sucedió y donde está, no pueden hacer su duelo. Su actitud hacia Alex es ambigua, lo culpan de haber involucrado a su hijo en la lucha. ¿O más bien de estar vivo? El arrogante Pieter Muller, amigo y excolega de Dirk, destacado blanco del pueblo, quien no quiso solicitar la amnistía para ninguna de sus actuaciones pasadas, presiona a Dirk para que no lo involucre. Se entiende que Pieter algo tiene que ver con la desaparición de Steve. Todos los involucrados son originarios del pueblito y se conocen. Incluso el personaje principal, Sarah Barcant, abogada (blanca) y fiscal reputada en Nueva York, que representa a Alex y a los padres de Steve, invitada por su antiguo mentor, el viejo abogado de derechos humanos Ben Hoffman. Para Sarah es la primera vez que vuelve a su país y pueblo natal desde que aún joven se fue al extranjero, asqueada y asfixiada por la sociedad bajo el apartheid. Por lo tanto, por su formación y práctica de las leyes, lo que cuenta para Sarah es exponer y castigar a los violadores de los derechos humanos y se propone hacerlo con su brillo habitual. Al extravertido Alex solo le queda algunas imágenes confusas de su detención. Las interrogaciones durante la audiencia van a despertar de a poco sus recuerdos, un proceso muy doloroso. Dirk, su torturador, trata de salir del lío confesando lo mínimo, frecuentemente señala que no se acuerda o miente. Se hace el humilde pero de vez en cuando Sarah o Alex logran demostrar lo fue el torturador. Dirk acusa a Alex de haberle entregado, bajo la tortura, todas las informaciones requeridas y de ser la causa de la muerte de Steve. Los dos entran de nuevo en la relación estrecha, malsana y exclusiva que muchas veces suele desarrollarse entre torturador y torturado. O sea, a través de sus acusaciones Dirk está todavía torturando a Alex. Alex lucha entre su deseo de irse para no despertar su trauma reprimido en todas sus ambigüedades dolorosas, y por otro lado su deseo de encontrar a Steve. Sarah trata de alentarlo para que siga hasta el final, cueste que cueste. Alex encuentra la prueba de que, aunque quizás indicó donde estaban escondidas las armas, no traicionó a los demás militantes de su grupo. Pero queda el episodio oscuro cuando los policías carearon a Steve y Alex, ambos horriblemente torturados y Steve casi muerto. De alguna manera Alex identificó a Steve como guerrillero, lo admite aunque su memoria queda nebulosa. Ahora los antiguos militantes -nunca detenidos ni torturados- tratan a Alex de traidor y le amenazan de muerte. Durante una audiencia de repente Alex se acuerda de la presencia de Pieter Muller. Sarah, ayudada por las dudas confusas de Alex, descubre que el careo no ocurrió en el cuartel local de la policía. Dirk admite que fue en una finca abandonada y acaba por traicionar a Pieter. Sarah y Alex van a la finca donde Alex se acuerda de todo. Tras las interrogaciones y revelaciones durante las audiencias publicas, todos están nuevamente en el pasado. Una noche los negros del pueblo se amotinan y agreden propiedades blancas, tal como lo hicieron en los tiempos del apartheid. Vigilantes armados blancos los enfrentan igual como antes. Dirk Hendricks termina por indicar donde esta enterrado Steve, en un campo de la finca. Con los restos se encuentra la prueba de que fue Pieter el torturador de Steve. Los blancos que apoyaron abiertamente a Dirk y admiraban a Pieter, ahora se distancian de ellos. La policía detiene a Pieter. Delante el tribunal penal Sarah esta lista con las acusaciones de tortura y asesinato de Steve. Pero el abogado de Pieter ya ha pedido la amnistía... Es esta la única vez que la autora se permitió una libertad de novelista en relación con la historia, pues hubo un plazo para solicitar la amnistía que ya hubiese expirado. Pero esta escena sirve para mostrar la inmensa frustración de Sarah de no lograr el juicio y el castigo de un criminal tan cínico. Al fin Dirk, sonriente de alivio, obtiene la amnistía con el acuerdo de Alex. Nunca habrá mostrado ningún arrepentimiento. Al contrario, afirma que siempre actuó por su país contra el “peligro comunista” como se lo habían enseñado, que estaban en guerra, que los “apremios” fueron necesarios para obtener informaciones vitales. Alex pide perdón a los padres de Steve. Aunque cuesta mucho al padre, su profesor de enseñanza básica, lo perdonan. Durante todo ese proceso tan difícil Sarah vuelve a encontrar su país y la nueva mentalidad con todas sus contradicciones y penas. Le cuesta mucho entender, siente presiones para que vuelva a participar en esta nueva Sudáfrica que la confunde. Ben Hofmann, su antiguo mentor, la acompaña y trata de hacerla entender el cambio. Aquí no se trata de castigar, dice, no se trata de justicia a la manera de Nueva York. En la novela hay también un momento fuerte cuando Ben le acuerda que ambos, Alex el militante y Dirk (y Pieter) el torturador, actuaron por patriotismo. "¿Acaso los estas justificando a los torturadores y asesinos?", le pregunta Sarah. “No del todo”, contesta el viejo abogado y se calla. Ella tendrá que llegar a sus propias conclusiones. Alex, risueño de nuevo, se despide de Sarah dándole “las gracias por ¡haber destrozado mi vida!” y le pregunta: "¿vas a volver vivir en este país, si o no?" Ella todavía no sabe. Referencias: Gillan Slovo, ‘Red Dust’. Novela, 2000, Virago Press. Película: ‘Tierra de Sangre’ (titulo original ‘Red Dust’, también traducido por ‘Polvo Rojo’), 2004. Producción británico-sudafricana con Hillary Swank. Director Tom Hooper. Guión: Gillian Slovo. Productor Anant Singh.
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