Entre el asco y el vómito PDF Imprimir E-mail

Por Víctor Cornejo A.

Es cierto. La dicotomía que se presenta este 17 de enero en la segunda vuelta electoral, es entre dos sostenedores y propagandistas del sistema neoliberal, que tanto daño ha causado al país en cuanto a enajenar nuestros recursos a la voracidad de las transnacionales y a la pesada carga que han tenido que soportar los más de ésta, nuestra tierra. Como dijo alguien, la elección es entre el asco y el vómito.

La Concertación de Partidos por la Democracia, coalición que apoya a Frei, abandonó a poco andar todo el programa que levantó y agitó para derrotar al dictador Pinochet y sus huestes, dejando de lado los sueños y esperanzas de todo un pueblo que no sólo quería el ¡fuera Pinochet y sus criminales! sino que además un gobierno que les restituyera libertades y dignidades cercenadas por casi veinte años.

Estas peticiones de libertad y dignidad no estaban basadas en la gracia de su mercé o en la rogativa indigna del pordiosito católico, estaban basadas en la lucha de miles y miles contra la dictadura en las calles en las horas magníficas de las protestas populares, en la vida de cientos de jóvenes y no tanto que la dieron de manera generosa desde los primeros momentos del golpe de estado, intentando organizar la resistencia con todas las formas de lucha a su alcance y también estaban basadas en la creencia que los compromisos de una vida mejor asumidos por el conglomerado se iban a cumplir.

Seamos claros, Sebastián Piñera y lo que representa, es el lobo vestido de piel de oveja. El es la continuación de la dictadura en el terreno político económico, sus más fieles partidarios y asesores fueron todos funcionarios o entusiastas de la dictadura, algunos ocuparon puestos en el aparato jurídico policial represivo y no han sido citados siquiera a declarar en los innúmeros casos por violaciones de derechos humanos. Fueron golpistas y lo siguen siendo.

Se apoderaron del país cuando empezó el remate de las empresas y de los recursos naturales a precio de huevo en tiempos de dictadura y se apoderarán de lo que les faltó, porque no pudieron o no les alcanzó el tiempo.

En aras de un supuesto reencuentro entre los chilenos (cómo si se pudiera conciliar al desdichado con el desdichador), intentarán lavar la cara de los delincuentes y asesinos que campearon con omnipotente poder en aquellos días aciagos.

El mínimo de dignidad que nos puede quedar, es impedir que el golpismo y el latrocinio se hagan con todo el poder.

Pero eso solo no es suficiente. Es la hora en que, dejando diferencias, cálculos mezquinos, caudillismos y vociferíos de lado, la izquierda construya y organice un  movimiento popular potente que sea capaz de imponer un nuevo modelo para nuestro país. Esos miles que lucharon contra la dictadura y los millones que hoy luchan en América Latina, lo merecen.
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