Nuevo gobierno y desafíos opositores PDF Imprimir E-mail

Una positiva impresión dejó para el mundo empresarial privado el nombramiento del gabinete económico que,  asumirá junto a Sebastián Piñera el 11 de marzo próximo.  Así lo señala una encuesta realizada por El Mercurio a 50 empresarios, ejecutivos y directores de diversos rubros de la economía chilena.

Que empresarios y directores de empresas valoren el equipo económico de futuro presidente de Chile no constituye una novedad.  Que la misma apreciación tengan quienes votaron por el candidato de la alianza de derecha sólo lo dirá el tiempo.  En lo inmediato, las principales organizaciones sindicales han expresado  su escepticismo e inquietudes.
Lo más difícil para Sebastián Piñera y su gobierno será cumplir con lo prometido.  Crear un millón de empleos “decentes” y bien  remunerados parece una tarea colosal. Lo mismo ocurre con la promesa de  aumentar los  índices de crecimiento económico, en un contexto en que la reciente recesión -nunca reconocida por el actual ministro de Hacienda- no abre paso a una recuperación firme y continuada.  En fin, cumplir las  promesas planteadas en su campaña y que le sumaron el voto masivo de los pobres no será tarea fácil.

Sebastián Piñera,  contará con enormes recursos en las arcas fiscales por la millonaria caja que le entregará la Presidenta Michelle Bachelet y el ministro de Hacienda, Andrés Velasco. Y bastaría que el nuevo gobierno  tomase la decisión de   gastar parte de lo que hay en reservas para dejar contentos a más de seiscientos mil   chilenos cesantes, a millones con trabajo precario y con carencias de todo tipo.

Para Piñera y su equipo económico, tan aplaudido por los empresarios, será difícil conciliar sus ideas neoliberales y su modelo exportador con  las preocupaciones, vicisitudes y demandas del mundo popular, aunque una parte de ellos, haya votado por la derecha. Una economía concentradora del capital, necesita garantizarle  a los grandes empresarios  y a la inversión extranjera  rigurosas ventajas comparativas. Es decir, bajos sueldos, derechos laborales restringidos, gasto público limitado, control excesivo de las demandas sociales, criminalización de la protesta popular  y abierta represión cuando sea necesario. Formula que engañosamente aplicó la alianza concertacionista, y que la alianza derechista en el gobierno puede aplicar en toda su magnitud.

Los desafíos para el futuro presidente son enormes. Más aun,  si consideramos que parte importante de sus votos no fueron para él sino en contra de la Concertación. Pero también, los retos no son menores en la vereda de enfrente. La oposición concertacionista, o lo que quede de ella, deberá enfrentar los embates divisionistas alentadas desde la derecha y por sobretodo, dirimir entre las “almas que la habitan”.

Y la oposición de izquierda deberá desatar una enorme capacidad para forjar procesos de unidad en torno a un proyecto y sueño antineoliberal, que cuestione los fundamentos del capitalismo actual. Lo más importante será, que la izquierda  recupere los territorios sociales arrebatados por la demagogia y el engaño de los discursos derechistas, examine con atención la vida real y se disponga a realizar, en absoluta sintonía con los sectores sociales populares la utopía de una sociedad mejor. De lo contrario, habrá gobierno de derechas para rato.
 

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