Antonio Machado. A un año más de su muerte* PDF Imprimir E-mail

Por Eduardo Sepúlveda R.

 

El 22 de febrero del 2009 se cumplió medio siglo de la muerte de Antonio Machado. La conmemoración estuvo a la altura en España, principalmente  en las ciudades donde el poeta residió. Recordar el equilibrio entre la estética y relato de una poesía que  habla de las cosas más comunes de la vida como si estas  sólo se le hubiesen mostrado a  Machado, o, sus escritos políticos comprometidos con las capas sociales más postergadas, con la causa de la república española, son motivos suficientes para plantear ¿ por qué no recordarlo una veza más?. Hoy, son 51 años, mañana será más. Aquí un modesto nuevo empeño de recordar su vida, o sea, su obra …

Antonio Machado nació en Sevilla el año 1875. Se educa en Madrid y se transforma en profesor del Instituto de esa ciudad. Viaja por distintas urbes de Europa, pero es  París donde pasa mayor parte del tiempo. En su Autorretrato se lee: 

“ Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;

mi historia, algunos casos que recordar no quiero”

Machado es un poeta que será tempranamente marcado por la partida de sus seres queridos. Su padre, Antonio Machado Álvarez ,"Demófilo" investigador del folclor español, muere de tuberculosis en 1893.El médico Antonio Machado Núñez, padre de su padre, partirá tres años después. Ambas muertes dejan al poeta  sumido en problemas económicos que serán una constante en su vida. 

Después de terminar sus estudios y tras aprobar las oposiciones a la cátedra de francés que se celebran en Madrid, elije la ciudad castellana de Soria donde residirá para ejercer la docencia de la lengua gala en el Instituto General y Técnico.  Es un 4 de mayo de 1907 cuando el poeta descargas sus maletas en la pequeña localidad de La Castilla Vieja

 “Tal vez caprichoso, extraño y sin objeto puesto que los caminos, no muy confortables, de Soria no llevan más que hasta Soria- veo una estacioncilla de ferrocarril cubierta de nieve, con un suelo deslumbrante de blancor, bajo el cielo gris oscuro; y entre ese cielo de plomo y aquella tierra friolera embozada en armiño, una vasta cortina de pequeños copos descienden perezosamente cual una llovizna de paracaídas en miniatura” 

A la impartición de clases, Machado suma a sus hábitos bordear las aguas del Duero.. Probablemente  en estos meditativos paseos, Machado divisa por primera vez a Eleonor Izquierdo, una joven de quince años que se trasformara en su esposa.

Se lee en relatos, que debido a la diferencia de edad, el matrimonio no fue visto con amable mirada entre los ciudadanos. Años más tarde, Machado habría  confesado que el  lapso que comprendió ir de su casa a la iglesia le significó uno de los peores momentos de su vida. Así y todo  Eleonor  – con la venia de sus padres- contrajo matrimonio un  30 de julio de 1909 con Machado, cuando éste vivía los 34. 

El buen tiempo para  la nueva pareja fue corto: de  vacaciones en  la capital francesa, se le ha declarado a Eleonor una tuberculosis  irremediable. Era enero de 1911. Vuelven a Soria y el poeta le propicia todos lo humanos cuidados posibles a su debilitada conyuge. Los esfuerzos no bastarán y una vez de regreso  a Soria, Eleonor ya no puede andar y apenas se mueve consumida por la tisis y la anemia.

  Machado en un coche, con semejanzas a los que portan a los bebes, la pasea todos los días a orillas del Duero y de “los verdes pinos” que el poeta describiera en su obra.

En estos paseos , le habla de sus viajes y proyectos que compartirían en un futuro cercano. Le recitas poemas que nacen junto a los pasos que va dando

                                                                                                  Yo voy soñando caminos

de la tarde .¡Las colinas

doradas, los verdes pinos,

las polvorientas encinas¡…

¿adónde el camino irá?

Yo voy cantando, viajero

a lo largo del sendero…

 

-La tarde cayendo está-

“En el corazón tenía

la espina de una pasión;

logré arrancármela un día

ya no siento el corazón”

 

Y todo el campo un momento

se queda, mudo y sombrío,

meditando. Suena el viento

en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;

Y el camino se serpea

Y débilmente blanquea,

Se enturbia y desaparece.

 

Mi cantar vuelve a plañir:

“Aguda espina dorada,

¡quien te pudiera sentir

En el corazón clavada”¡

  El estado psicológico de Machado se hace evidente en su poesía. Eleonor  muere el 01 de agosto de 1912. Tres meses antes Machado escribe “A un Olmo Seco”. Algunos críticos sostienen que aquí evidencia sus esperanzas en la recuperación de Eleonor, el “milagro de la primavera” el  que finalmente nunca llegaría.
  Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo,

algunas hojas verdes le han salido.

 

¡El olmo centenario en la colina

que lame el Duero!. Un musgo amarillento

le mancha la corteza blanquecina

a tronco carcomido y polvoriento.

 

No será, cual los álamos cantores

que guardan el camino y la ribera,

habitado de pardos ruiseñores.

 

Ejército de hormigas en la hilera

va trepando por él, y en sus entrañas

urden sus telas grises las arañas.

 

Antes que te derribe, olmo del Duero,

con su hacha el leñador, y el carpintero

te convierta en melena de campana,

lanza de carro o yugo de carreta;

 

antes que rojo, en el hogar, mañana,

ardas de alguna mísera caseta,

al borde de un camino;

antes que te descuajes un torbellino

y tronche el soplo de las sierras blancas;

antes que el río hasta la mar te empuje

por valles y barrancas,

olmo, quiero anotar en mi cartera

la gracia de tu rama vencida.

Mi corazón espera

también, hacia la luz y hacia la vida,

otro milagro de la primavera.

  

 Poco después de la muerte de su malograda esposa, el poeta desangrado, abandona Soria y las orillas del Duero. En su soneto “Adiós”- inédito muchos años después de la muerte de Machado-  advirtió:

 

Y nunca más la tierra de ceniza

a pisar volveré, que Duero abraza.

¡Ho, loma de Santana, ancha y maciza;

placeta del Mirón; desierta plaza,

 

con el sol de la tarde en mis balcones

nunca os veré”! No me pidáis presencia;

las almas huyen para dar canciones:

alma es distancia y horizonte: ausencia.

 

Mas quien escucha el agria melodía

con quien divierte el corazón viajero

por estos campos de mi Andalucía,

 

Ya sabe manantial , cauce y reguero

del agua santa de la huerta mía.

¡No todas vais al mar, aguas del Duero!

  

La vida desdijo al poeta andaluz. Antonio Machado vuelve a Soria el 5 de octubre de 1932, para recibir el título de “Hijo adoptivo”

“Queridos amigos: Con toda el alma agradezco a ustedes la iniciativa y el altísimo honor que recibo de esa querida ciudad.

Nada me debe Soria, creo yo, y si algo me debiera, sería muy poco en proporción a lo que yo le debo: el haber aprendido en ella a sentir a Castilla, que es la manera más directa y mejor de conocer a España. Para aceptar tan desmedido homenaje sólo me anima esta consideración: el hijo adoptivo de vuestra ciudad ya hace años que ha adoptado a Soria como patria ideal [...]”

 Por esos años la pluma del artista gozaba de renombre internacional. En 1927 fue nombrado  miembro de la Real Academia Española, pero al contrario de lo ocurrido en Soria, a la academia  nunca asistió a tomar posesión de su sillón.  

La primera guerra convulsiona a Europa. Es 1917.  Machado conoce a Federico García Lorca y ha venido entablando correspondencia con Miguel de Unamuno. Se le identifica como uno más de “La Generación del 98”, escritores que reflejan en su obra concepciones políticas de izquierdas y que, lógicamente, adhirieron a la causa republicana.

 En 1919 se traslada a Segovia, para participar en las actividades de la  Universidad Popular, entidad creada con el fin de acercar la cultura a los sectores más desposeídos ; en ese empeño , dicta clases de francés en el Instituto de Segovia; ahí estará hasta 1932. 

También en 1932, es nombrado profesor del Instituto Calderón de la Barca de Madrid. Es en la capital de España  que lo sorprende el estallido de la guerra civil. En este, Machado experimenta un pequeño viraje de género, ya que sus escritos en la prensa tienen cargado sentido político y social, brindándole así al poeta  el reconocimiento propio de cuando el “ser” intelectual compromete su figura con causas populares.  Tal es así que Machado en lo sucesivo es un reconocido activista de la causa republicana y desde ella, escribe en distintos medios de prensa hasta poco antes de su muerte. La obra de Machado en los últimos años de vida, se abre  más al ensayo, a la prosa              – lógicamente sin  abandonar  del todo la poesía.- Nace así la figura de Juan Mairena,  seudónimo con el que Machado firma los escritos en periódicos que salen a la luz  bajo el vigilante ojo  de la dictadura franquista. En el “Diario de Madrid”, el poeta  escribe semanalmente. Un año después, pasa al diario “El Sol”.  Ya durante los años   1937- 1938 en medio la España acribillada,  publica artículos  apócrifos -conocidos como Juan de Mairena póstumo- en la revista “Hora de España”.

 Antes, el 17 de octubre de 1936, la revista “Ayuda”  publica su Elegía a Federico García Lorca.  Ya en sus últimos días, con Madrid sitiada, los poetas Rafael Alberti y Leon Felipe le convencen personalmente que abandone junto su familia – madre hermanos y algunas sobrinas- la ciudad. Se dirigen a Valencia donde pasaran sólo algunos meses. Las tropas de Franco tienen España cercada. “La muerte del niño herido”, publicado en 1938 grafica la situación: 

Otra vez es la noche. Es el martillo

de la fiebre en las sienes bien vendadas

del niño. —Madre, ¡el pájaro amarillo!

¡Las mariposas negras y moradas!

—Duerme, hijo mío. Y la manita oprime

la madre, junto al lecho. —¡Oh flor de fuego!

¿Quién ha de helarte, flor de sangre, dime?

Hay en la pobre alcoba olor de espliego;

fuera la oronda luna que blanquea

cúpula y torre a la ciudad sombría.

Invisible avión moscardonea.

—¿Duermes, oh dulce flor de sangre mía?

El cristal del balcón repiquetea.

—¡Oh, fría, fría, fría, fría, fría!

 Es 1939. Tras pasar por Barcelona entre el 26 y 27 de enero se les une un grupo de personas del mundo universitario y escritores como Corpus  Barga. Con su ayuda son trasladados a Francia en unas ambulancias, pero los chóferes deben dejarlos a mitad del camino. El tramo final hacia la frontera lo andan bajo  lluvia ese mismo día. Machado pierde la maleta en la que iban sus pertenencias y, seguramente, sus últimos escritos. Corpus Barga debió  de llevar en sus brazos a la madre de Machado durante gran parte del trayecto. Tras cruzar  la frontera el 28 de enero, pasaron la primera noche en un vagón vacío de ferrocarril. El día 29, el “Comité d’accueil aux intellectuels espagnols”, algunas autoridades francesas y miembros del gobierno republicano procuraron ayuda. Les ofrecieron ir a París, pero Antonio Machado lo rechazó por el deteriorado estado de salud de su madre y el propio. Alojan en un pequeño hotel de Collioure.

Aquellos serán sus últimos días hasta que el  22 de febrero del ’39  su cuerpo se trasforman en restos mortales que son llevados al cementerio de Collioure . El ataúd es cubierto con la bandera republicana y es cargado por seis soldados de la República.

 Su madre, Ana Ruiz, que a estas alturas perdía la lucidez con frecuencia, muere tres días después, tras enterarse de la muerte de su hijo. 

La vida de Machado estuvo siempre marcada por la muerte. Su obra,  por un viaje entre la estrofa delicadamente concebida sobre la rima y la estética; esta será absorbida por el contexto histórico del que Machado – así como no debe hacerlo cualquier intelectual de ese reconocimiento- no se abstrae. Es una pluma dispuesta a la causa.  Se dice que su firma era ávidamente buscada en los círculos de intelectuales para publicitar la oposición a Franco, oposición que en plenitud no alcanzó a ejercer, pues la muerte encuentra a Machado en momentos que la muerte  encontró también a España.1939.

 *Información consultada 

http://jaserrano.nom.es/Machado/  

http://www.bibliotecamachado.es/biografia/biografiamarcos.htm

Poesías Selecta de Antonio Machado

Edic. Ateneo, 1970.

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