El Giuliani chileno y la cumbia anti delincuencia PDF Imprimir E-mail



Por Luis Arellano

La visita relámpago a Bogotá efectuada por el nuevo director de Seguridad Pública, Jorge Nazer, hace pocos días, se justificó en la necesidad de ver en terreno la aplicación de las políticas antidelincuencia implementadas por sus autoridades.

Colombia, un país con índices de delitos y violencia muy superiores a los registrados en Chile, al parecer se ha convertido en fuente de inspiración para los nuevos ocupantes de la Moneda, como lo reveló la frustrada iniciativa de crear una red de informantes de la policía, a imitación de la organizada por el presidente colombiano.

Nazer es abogado de la Universidad de los Andes, del Opus Dei. Pasó por el Manhattan Institute, fundado por el famoso alcalde "cero tolerance" Rudolph Giuliani, y hasta antes de ser nombrado en el cargo encabezaba la singular empresa ALTO, dedicada a perseguir el "robo hormiga". Su llegada al organismo de seguridad pública genera suspicacias por los vínculos que posee con la poderosa industria de seguridad privada y por el énfasis represivo que pueda imprimirle a las políticas de contención del delito. Es lo que se interpreta de una entrevista que concedió al  vespertino "La Segunda" a principio de mes.

Índice de Vergüenza


El anuncio de crear una red de 50 mil informantes, similar a la red de soplones remunerados establecida por Uribe en Colombia, fue el primer traspié del nuevo gobierno en el tema del combate a la delincuencia. La medida fue criticada incluso en círculos oficialistas, entre otros factores porque no formaba parte del programa con el cual se hizo elegir Sebastián Piñera  y  era una copia de políticas implementadas en un país en guerra, cuyos índices de delitos y violencia no guardan relación con los verificados en Chile. Cuestionamientos que terminaron por convencer al gobierno de no implementarla.

Pero, tras el nombramiento de Jorge Nazer en la División de Seguridad Pública, apareció en escena otra táctica "colombiana" denominada "índices de vergüenza", la cual también contiene elementos controversiales.

La novedosa iniciativa, según se desprende de las declaraciones de Nazer,  consistiría en dar mensajes intimidatorios a los delincuentes, avergonzarlos ante su entorno barrial e involucrar a los vecinos en la tarea de vigilarlos. "La delincuencia -manifestó el abogado-,  va a existir siempre, pero tenemos que tratar de acorralarla... el delincuente tiene que tener claro que hay una mayor sensación de control hacia el... porque los mismos vecinos son quienes lo vigilan"

A pesar del entusiasmo que demostró por esta medida,  el director de Seguridad Pública confesó luego no tener claridad sobre cómo implementarla en Chile, lo cual sonó a  improvisación, gatillando algunas criticas entre funcionarios del organismo.

De insistir en aplicar los "índices de vergüenza", Nazer podría enfrentar también complejos problemas legales por fomentar el "acorralamiento" de personas con antecedentes delictivos, pero que se encuentran en libertad ya sea porque cumplieron sus condenas, gozan del beneficio de la libertad provisional o están purgando penas alternativas.

Creatividad punitiva y medios de comunicación


Las señales brindadas por Nazer indican un énfasis en la represión, lo que para algunos analistas no constituiría una política racional en el control del delito. Esta, necesariamente debe combinar, junto con la represión,  acciones preventivas, de reinserción de los infractores e incluso la preocupación por mejorar las condiciones de vida de los grupos de riesgo.

Lo del índice de vergüenza parece ir en un sentido contrario, calificado por algunos como de "creatividad peligrosa", donde se recurre  a medidas de utilidad cuestionable, con el interés de satisfacer a una “opinión pública” altamente sensibilizada por los medios de comunicación. Un ejemplo de esto fue la singular gestión en la materia del ex alcalde Joaquín Lavín, quien llegó al extremo de instalar torretas de vigilancia, al estilo de una cárcel, en los principales paseos peatonales de Santiago.

La "creatividad", el extremismo castigador y una “opinión pública” al limite de la paranoia, son parte de  un fenómeno que llama la atención en diversas latitudes. En España el académico Iñaki Rivera, de la Universidad de Barcelona, lo califica de "populismo punitivo", donde las autoridades legislan y operan de acuerdo a los titulares  y al ambiente de alarma pública que se incentiva desde los medios de comunicación. Todo lo cual se traduce finalmente en una mayor dureza policial, en el incremento de las penas y el abarrotamiento de las cárceles.

Al respecto,  no faltan quienes ironizan sobre los empeños de Nazer, aludiendo a que no necesita ser tan "creativo" y diligente, sino más bien amigarse con los editores de los medios, cumpliendo así buena proporción de la tarea encomendada.  Está más que comprobado que los índices de temor ante el flagelo, y de presión ciudadana hacia el poder político, se relacionan en buena medida con la explotación mediática del tema y esto último se ha visto bastante morigerado tras asumir la presidencia el magnate Piñera.

Gracias delincuencia por favor concedido


El nuevo director de la División de Seguridad Pública, es fundador de la empresa Acción Legal Total, ALTO,  dedicada a perseguir judicialmente el  “robo hormiga" por encargo de supermercados, tiendas de retail y cadenas de farmacias.

Junto con lo anterior, desarrolla el denominado "marketing disuasivo", consistente en afiches y spots de advertencia a los infractores  y el envío de cartas intimidantes a sus domicilios, conteniendo frases como: "Lo pagarás caro”,  “Ya van más de 1.500 fichados por robar. Te condenarán".

Gracias a estas medidas ALTO habría conseguido significativos descensos en el número de robos hormiga y también un notable desarrollo como empresa, incluso con proyecciones internacionales.  

Tras asumir el cargo de director de Seguridad Pública el abogado aseguró haberse "desligado absolutamente" de ALTO, aunque en realidad sólo estableció una suerte de fideicomiso,  nombrando directores externos a  cargo de sus intereses en la empresa.

Resulta paradojal que la bonanza del negocio de Nazer, como también la del resto de la industria de la seguridad pública, finalmente se sostenga en la actividad delictual que dicen combatir, lo que genera múltiples suspicacias.

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