Fútbol: Pasión de multitudes. Pasión por el dinero PDF Imprimir E-mail
Por Víctor Cornejo Alfaro

 
“En casa a veces faltaba el pan, a veces faltaba el té.
Pero nunca dejó de soñar con algún día ser un crack.
Sueños de niñez, pichanga del barrio, cara sucia, sudor y barro”
El Crack, Los Miserables

 
Es extraño. La pasión por el fútbol atrapa a casi todo el mundo y esto, no es un decir. Incluso a quienes sospechan de él. Sin duda, que es un juego bello, de destreza, talento y cooperación. Esto último cada vez menos, pues los jugadores buscan la mayor visibilidad posible en el partido para que su “precio” sea cotizado de mejor manera en el mercado futbolístico. Un ejemplo, antes del mundial que se está disputando en Sudáfrica, el club italiano Udinese tasó el precio del pase del chileno Alexis Sánchez en trece millones de dólares; después de los dos primeros partidos jugados (ante Honduras y Suiza) en donde el tocopillano se lució con su velocidad, gambetas y entrega, el pase del joven nortino subió a treinta y dos millones de dólares.

El inmenso flujo de dinero que este juego genera, ha ido transformándolo desde un deporte colectivo y plástico a verdaderas máquinas avasalladoras en donde el resultado es fundamental para el aumento del valor de las acciones de tal o cual equipo.

¿Qué fue de aquel fútbol, inspirador de poetas, escritores y filósofos? Eduardo Galeano con “El fútbol a sol y sombra”; Osvaldo Soriano con “El gol de Di Filipo”; Vinicius de Moraes, con su gran poema dedicado a Manuel Dos Santos, Garrincha: “El ángel de las piernas tuertas”; Horacio Quiroga, uruguayo, maestro del cuento en América escribió “Suicidio en la cancha”, basado en el caso real de un futbolista del Nacional de Montevideo que una noche se mató de un tiro en la mitad del campo de juego; Rafael Alberti con su sentida oda al arquero húngaro Franz Platko, del Barcelona; nuestro Poli Délano, con su Antología “Hinchas y Goles” entre muchos otros, atestiguan que en alguna época este deporte sí fue algo bello y apasionante.

Se le atribuyen a este juego grandes cualidades valóricas y buenas intenciones. En Chile, la presentación del Reglamento de la Asociación Nacional de Fútbol Amateur, ANFA, entidad que agrupa a unos 4.000 clubes amateur a nivel nacional, es decidora al respecto: “Es una actividad capaz de aglutinar en torno a lo positivo, crear identidad y proporcionar felicidad a un colegio, grupo laboral, los barrios, comunas y regiones. La excelencia individual es importante, pero no basta porque es necesario contar con la entrega y responsabilidad de todo el equipo” (Extracto presentación Reglamento ANFA, www.anfa.cl).

El fútbol que mejor se juega, es aquel de barrio, el de cancha de tierra, el que no se ha contaminado con mafias y transnacionales. Ese de los días domingo en la cancha, sin camarines, el de pagar los mil pesos por la camiseta. El del sueño del niño que quiere ser igual a Maradona, Ronaldinho, Matías Fernández u otros. Sus ídolos que también nacieron en barrios pobres.

Los sociólogos han escrito muchas páginas en ensayos sobre el fútbol, se habla del nuevo opio del pueblo, del sueño de triunfo de las hinchadas y los espectadores encarnados en el equipo de sus amores, se dice que cuando gana el cuadro favorito, el pan al otro día no tiene el mismo sabor. Se han hecho cálculos que cuando gana el club más popular, aumenta la productividad laboral. Se dice que el fútbol iguala, es una suerte de comunismo temporal, “Especie de borrador de las clases sociales. Como la canción Fiesta de Serrat: el cura es lo mismo que el feligrés; el prohombre, igual al gusano” (Reinaldo Spitaletta en www. Argenpress.ar).

Ha sido usado por los dictadores, entre los más famosos, Mussolini, Franco y Videla, como método de control social, como cortina de humo, para tapar infamias. Mientras se grita un gol a todo pulmón, un disidente o sospechoso de subversión, grita a todo pulmón pero producto de la picana eléctrica (esto no es una metáfora, ocurrió en el mundial de 1978, en Argentina, durante la dictadura de Videla). En definitiva, es más circo que pan.

El fútbol, la pasión por el dinero

Según datos de la FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociado), ente rector del fútbol mundial, en el último Campeonato Mundial celebrado en Alemania 2006, este organismo obtuvo ingresos por 1.800 millones de dólares, por la venta de los derechos de transmisión de los partidos y por pagos de los patrocinadores.

Los 20 equipos más poderosos del planeta, todos de Europa, obtuvieron ingresos en el año 2005 por 3.900 millones de dólares, esto, a través de venta de entradas, derechos de televisión, la mercadotecnia y la compra y venta de jugadores. El traspaso o pase de un futbolista, a veces alcanza el equivalente de la deuda externa de uno o varios países pobres del mundo.


La final de la Copa del Mundo en Alemania 2006, fue vista por más de 1.000 millones de personas en todo el planeta, diez veces más que las que presenciaron las exequias del Papa Juan Pablo II.

Sin duda, que en este mundial de Sudáfrica, las cifras se elevarán mucho más que las citadas anteriormente. De hecho al prologar el informe financiero presentado en la última reunión mundial del organismo, Joseph S. Blatter, Presidente de la FIFA comenta: “Al leer este Informe de Finanzas, podemos constatar con alegría que tampoco en el aspecto financiero se ha defraudado la confianza depositada en África, ya que los ingresos provenientes del Mundial en Sudáfrica han alcanzado las mayores sumas jamás registradas”.

Este informe financiero 2007/2009 (se puede descargar desde la página oficial del organismo mundial en español), da cuenta que el ente rector del fútbol mundial, superó la meta de los mil millones de dólares de capital propio.

Esta danza multimillonaria es la que ha ido cambiando el brillo de la destreza y el talento colectivo de este deporte por el brillo del oro individual de los jugadores de élite. Y tal como ocurre en otras esferas de la sociedad, la posibilidad de un cambio se ve lejana.
 
Julio 2010

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