Terremoto en Chile: Llorando sobre la leche derramada PDF Imprimir E-mail
Por Víctor Cornejo A.

“Estamos viendo en vivo y en directo, saqueo, pillaje, vandalismo” Amaro Gómez Pablo, Televisión Nacional de Chile, 28 de febrero de 2010.

Este reporte “desde el mismo lugar de los hechos” del conductor del programa central de noticias de Televisión Nacional de Chile, 24 horas, fue la clarinada para que desde todos los canales de televisión comenzaran en diferentes tonos y “análisis”, una verdadera letanía sobre los saqueos que estaban ocurriendo en Concepción y Talca a la que se plegarían después otras localidades.

Comentarios como “nada que ver con las necesidades de hoy sacar una lavadora o un televisor plasma del supermercado, eso es robo”, abundaron en los especiales de televisión, la prensa escrita y la radio: periodistas “serios” y no tantos, opinólogos mediocres y otros peores y un largo etcétera hacían denodados esfuerzos por separar el “saqueo legítimo del ilegítimo”.

¿Nada que ver?

La sociedad que se ha construido en este país con esmerada paciencia y científico cálculo, es la sociedad del individualismo y la desigualdad. En tiempos de dictadura se impuso por la fuerza de las armas el modelo neoliberal que, entre muchas cosas nefastas, desarrolló el culto al individualismo.

Como todos los vencedores, reescribieron la historia y eliminaron el pasado reciente de esa época, pletórica de gestas comunitarias y solidarias. El devastador terremoto de Illapel y Los Vilos, ocurrido en octubre de 1971, fue una prueba de fuego para la organización popular, de la cual salió airosa. Las Juntas de Abastecimiento y Precios, (JAP) creadas al calor del desabastecimiento propiciado por la derecha y las organizaciones de Distribución Directa, se encargaron en parte de asegurar la distribución de alimentos a los afectados. Las federaciones y sindicatos de trabajadores se movilizaron en largas y agotadoras jornadas de trabajo voluntario, lo mismo los estudiantes de la FECH, organizaciones de mujeres, en fin, un pueblo organizado que colectiva y solidariamente salió a enfrentar la catástrofe. Salvador Allende decretó el estado de excepción para la zona amagada, el Jefe de Plaza designado fue, amarga paradoja, Augusto Pinochet Ugarte. Los militares cumplieron una labor de apoyo al retiro de escombros y ordenar la ayuda que llegaba al lugar.

Lo anterior es sólo un botón de muestra del tipo de sociedad que se venía alcanzando a lo largo de décadas de luchas. Sin embargo, fue borrado de la conciencia de la gente, por los “historiadores” a sueldo, los medios de comunicación y los politicastros de todo pelaje.

Este individualismo entronizado en la conciencia y en la práctica social, vino acompañado de la obscena desigualdad que se manifiesta en la distribución del ingreso, una de las peores del mundo, y en la ostentación que, como un recto al mentón, golpea a través de la televisión a millones que no tienen acceso a aquello.

Ya no es sólo la desigualdad de clases la que está presente en nuestra sociedad, también está la desigualdad del consumo. Décadas de masajear la conciencia, desde la escuela a la tumba, con el mensaje del consumo y que mientras más cosas tengas, eres más importante,  han ido formando un tipo de ciudadano que busca con ahínco tener productos para poder parecerse lo más posible a los que sí pueden tener acceso sin trabas ni problemas.

Las imágenes de la televisión, a los pocos días del terremoto, que mostraban en los supermercados del barrio alto de Santiago, gente con carros repletos de mercaderías “abasteciéndose” por si acaso, lo que hizo comentar al sacerdote jesuita Felipe Berríos en un canal de televisión, que “eso era un saqueo pagado”.

El monstruito salió a la calle

¿Sólo fueron delincuentes los que saquearon artículos que no eran de primera necesidad?
La realidad dice que no, junto a los delincuentes se encontraban personas que vieron en la confusión y el caos, el atajo, el camino corto para acceder a una lavadora automática o a un televisor moderno y más grande. Tal vez tenían lavadora y televisor, pero es signo de ser el tener, por tanto daba lo mismo sacar cosas que no tenían que ver con necesidades urgentes.

Y si los saqueadores fueron exclusivamente delincuentes habituales organizados, hicieron lo que hicieron porque tienen un mercado donde reducir las cosas y ese mercado es de personas que trabajan duro y no les alcanza para adquirirlos en el mercado formal.

El monstruito que construyeron salió a la calle y generó desasosiego y temor, pero es lo que se construyó en casi cuatro décadas con esmerada paciencia y científico cálculo. No lloremos sobre la leche derramada.
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