Saqueadores de ayer, de hoy y de mañana PDF Imprimir E-mail

 
Por Luis Arellano P.

En medio del bombardeo mediático luego del terremoto del 27 de febrero, las imágenes de cientos de personas "saqueando" supermercados y otros negocios, desataron recuerdos de pasadas jornadas donde la lucha por la subsistencia llevó a muchos habitantes de los barrios más pobres de Santiago  a emprender acciones parecidas. Los contextos son diferentes, los procedimientos también, pero el sentido sigue siendo el mismo: tras un desastre natural o económico, los ciudadanos cruzan la línea del temor y la sumisión a las normas, en pos de lo que necesitan o consideran legítimo tener. Dependiendo de sus carencias lo harán incluso a riesgo de sus vidas.

Escribir sobre este tema resulta arriesgado en las actuales circunstancias. La información con que se cuenta es la entregada fundamentalmente por la televisión. Falta conocer la versión de los actores principales de este drama, transmitido muy parcialmente. En especial el testimonio de quienes protagonizaron los saqueos y el de los vecinos que fueron presas del pánico ante estas masas amenazantes y en algunos casos víctimas de amenazas y robos directos a sus hogares y pequeños negocios.

Aun así y sin pretender concluir nada,  es bueno recordar y a partir de la memoria tratar de ponerse en el pellejo de los desesperados.

La "recuperación" organizada en los 80

La crisis económica de los años 80 elevó los índices de cesantía a cifras cercanas al 30% de la mano de obra. A eso cabe sumar el desempleo disfrazado ya sea por el trabajo informal o los planes de empleo mínimo dispuestos por la dictadura. El hambre era un problema real y junto con ella un largo rosario de necesidades y carencias.

En medio de este desastre organizaciones políticas de izquierda, impulsaron acciones de "recuperación" o "expropiación", realizadas por masas de pobladores, en algunos casos con cobertura armada,  quienes atacaban los negocios, cargaban todos los alimentos que podían y escapaban rápidamente  hacia el interior de los barrios.

"Durante la dictadura organizábamos la "recuperación" (saqueo), recuerda un ex militante. Por  lo general nos llevábamos  productos para comer, para las ollas comunes. Elegíamos esas cosas. Por ejemplo pollos, que no eran comunes en la mesa en esos tiempos. Claro que a veces nos llevábamos otros artículos, como una vez que arrasamos con los zapatos de una vitrina y después nos dimos cuenta que muchos de ellos eran de un mismo pie (se rie).
 
"Nunca quemamos el supermercado "expropiado". La idea era meternos rápido, agarrar lo que se podía y luego arrancar. Por eso iban puros cabros (muchachos), aunque a veces también mujeres gordas (se ríe) que les costaba correr. Recuerdo a una de ellas, ya fallecida, que era un chiste verla corriendo con unos pollos bajo el brazo. Es que también debía ir un lote grande, porque podían agarrar a un cabro y sacarle la cresta".

"Vi la tele, recuerdo aquellos tiempos y los comparo con lo de Conce . Trato de comprender, de ponerme en el pellejo de ellos. Mucha gente no entiende que roben televisores plasmas u otras cosas que no son para comer, pero los computadores, plasmas y otras mercaderías igual sirven porque después se venden o se cambian por otra cosa, o se quedan con el aparato y ven tele como si fueran gente con más plata. A la gente cada vez le gusta más tener cosas así como "grosas". Cuando nosotros actuábamos lo principal eran los alimentos y el dinero, la prioridad era subsistir  y como además la situación era más represiva no se podía andar robando lavadoras por ejemplo".

"No tengo información clara sobre Concepción. No confío en la TV. A lo mejor pasó un poco lo que se da en algunas poblaciones ahora. Donde hay mucho consumismo, cada quien "mata su toro", se las rebusca solo y si puede  cagar al hermano lo hace".

"No se si después de un terremoto tan fuerte como este hubiésemos podido planificar como lo hacíamos en una situación más normal y organizar el robo solo de alimentos y con cierto orden. Solo se que teníamos más organizaciones. La miseria nos obligaba a juntarnos para sobrevivir y para resistir a la dictadura. Teníamos ollas comunes, comedores infantiles, partidos políticos, grupos juveniles, talleres, etc. Hoy muchas de estas organizaciones son un buen recuerdo. Antes éramos más pobres, casi indigentes, pero estábamos juntos, ahora tenemos un poco más, ni tanto tampoco, pero estamos más solos y competimos unos contra otros".

"De todas maneras no me atrevo a opinar mucho sobre lo que pasó en Concepción. Hay que tener más información que venga de la gente, no de la tele".


¿Qué pasó en Concepción?

Los recuerdos del ex "saqueador" se mezclan con las noticias de la capital regional, ahora controlada por el ejército y bajo toque de queda. La versión entregada por los medios,  habla de una ciudad asolada primero por el terremoto y después por el pillaje y la delincuencia. De gente que se llevaba cualquier cosa, en especial electrodomésticos y de bandas organizadas y motorizadas que recorrían la ciudad, efectuando robos de gran cantidad de mercaderías para luego comerciarlas en el mercado negro.

Lentamente, conforme se restablece la electricidad y las comunicaciones, comienzan a circular los testimonios de los habitantes de Concepción y comunas aledañas, muchos de ellos denotando el terror que vivieron no solo por el terremoto y las réplicas, sino por la acción de estas masas o grupos de saqueadores que además de atacar grandes tiendas, habrían amenazado o robado negocios pequeños y hogares.

También comienzan a llegar informaciones que matizan la versión generalizada. Algunas señalan que los primeros "saqueos" habrían sido dirigidos por estudiantes, que trataron de organizar el reparto pero se vieron sobrepasados. En un primer instante hasta la policía habría colaborado a que el "choreo" se diera con cierto orden.

Javier Rodríguez, corresponsal del diario español El País, relata cómo los saqueadores provenientes de la población "Aguita de la Perdíz", colaboraban con vecinos de otros sectores: "La gente les tenía miedo, relata,  pero han terminado ofreciendo su ayuda a los otros barrios: consiguen pañales para los niños, agua mineral y pan para casi todos". Incluso les habrían enseñado a hacer barricadas a los vecinos de esas poblaciones, para protegerse de la delincuencia. (!)

¿Todos contra todos? ¿Consumismo desatado, individualismo absoluto e insolidaridad? Seguramente hay mucho de eso, pero todavía falta información para hacerse una idea completa de lo ocurrido y de lo que está pasando en la ciudad sureña y en otros lugares siniestrados.

Insistir en conocer, matizar y cruzar información no es baladí o contrario al esfuerzo colectivo por ayudar a los desamparados. La revuelta "saqueadora" de Concepción, que en algunos puntos adquirió ribetes de virtual guerra civil, reveló trizaduras sociales de cierta profundidad, debilidades notables en la auto sujeción a las normas establecidas y de la recurrencia a la fuerza armada para restablecer un orden que, sin ella, podría desplomarse como los edificios de la constructora SOCOVIL. En definitiva y muchos así lo recalcan, el terremoto desnudó el tipo de sociedad que hemos construido y agudizó la inquietud sobre el futuro que nos espera.
 
Marzo 2010
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